Acostumbrado a ser uno de los tapados de la liga, Chris Bosh es la gran noticia cuando en 2016 se le detectan problemas en los pulmones. Era el 2 de junio de 2017 cuando el ala-pívot ponía final a su carrera. Mejor dicho, los coágulos lo hacían por él. A pesar de que los médicos le advirtieron del riesgo vital que suponía seguir en las pistas, la idea de su vuelta a las canchas me sacudió hace un par de días.
Me gustan los jugadores que pasan desapercibidos, porque suelen ser los que más merecen los millonarios sueldos pagados por las franquicias. El de Bosh era el caso, un jugador que me recordaba a Pau Gasol: ambos ala-pívots, muy infravalorados y muy implicados en la causa. Otra referencia que me venía a la cabeza era, salvando las distancias, la de Shane Battier, ex-compañero suyo en Miami y uno de los jugadores menos valorados de la historia.
Bosh anunció su prematura retirada tras 13 temporadas.
No obstante y a pesar de mi predilección por ese perfil de jugador que cumple, un hipotético regreso de Bosh a la pista me parece un grave error por su parte.
La noticia que me llevaba en cuestión de segundos de la alegría a la preocupación incluía una serie de cinco equipos que Bosh buscaba cortejar. Estos son los Dallas Mavericks, los Golden State Warriors, Miami Heat, los Cleveland Cavaliers y los Toronto Raptors.
Sinceramente, independientemente del equipo al que se quiera unir, Bosh debe asumir que las supuestas ganancias son superadas con creces por los grandes riesgos que conlleva jugar en la actual NBA. Hablamos de un jugador que ha ganado dos anillos de la NBA, que ha participado en nueve All-Star y que ha ganado decenas de millones de dólares tras sus más de diez años en la liga. Por si fuera poco, la franquicia de Miami, donde disputó sus últimos encuentros, le ha garantizado la retirada de camiseta (algo que probablemente suceda con los Toronto Raptors, franquicia que le vio nacer).
Dos campeonatos y dos futuras retiradas de camiseta le avalan.
¿Y volver para qué entonces? Supongo que para ganar algún anillo más y algunos millones extra a lo sumo. Aunque lo que me inquieta es que vuelva por amor al baloncesto, ese amor que puede llegar a convertirse en un desmesurado ímpetu que le lleve a cometer locuras. Locuras como volver al parqué.
No pongo en duda el amor que profana por este deporte porque sería una estupidez, pero un jugador inteligente como él debería asumir lo inevitable: una carrera acabada. Podría haber sido peor: los coágulos podrían haber aparecido al poco de entrar en la liga o antes de ganar un anillo. Incluso podrían no haber sido detectados.
Imaginemos por un momento que Bosh volviera a la liga. Podría ser perfectamente de la mano de Dallas, equipo de su ciudad natal, o, por qué no, gracias a los Warriors, en los que encajaría con un rol de tirador exterior. Podría reunirse en Cleveland con su amigo LeBron o en Miami con su amigo Wade. Incluso podría retirarse allá donde le vieron nacer, en Toronto.
Está claro que la NBA es una liga cada vez más enfocada al small ball, donde los jugadores exteriores cobran mucha importancia en detrimento de los hombres altos. Un juego reorientado a la amenaza exterior y a los rápidos contraataques. Dichos contraataques requieren un gran derroche físico, algo que me parece inasumible por parte de alguien como Bosh, quien hace tiempo que no juega a nivel profesional, además de cargar con los ya mencionados problemas pulmonares.
Bosh, sé de tu incondicional amor por el baloncesto al igual que sé que podrías estar perfectamente vinculado a él siendo entrenador, asistente o embajador de la liga. Sin embargo, ¿volverías a las canchas aún jugándote la vida?


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